Imágenes, Cementerio de Montmartre, París, Cementerio Monumental de Staglieno , Génova, cementerios esculturas, estatua del ángel, François Dugas, Fred Hurst, monumento fúnebre cubierto de escarcha, 2007
sábado, 6 de julio de 2013
esculturas como dólmenes y pirámides. espacios internos...
Imágenes, Cementerio de Montmartre, París, Cementerio Monumental de Staglieno , Génova, cementerios esculturas, estatua del ángel, François Dugas, Fred Hurst, monumento fúnebre cubierto de escarcha, 2007
jueves, 4 de julio de 2013
sur ses traces...
el sentido último de cada miembro es tocar, nunca semióticas entelequias se confrontaron con el azul real de esos cielos, seguramente habrían sucumbido en dialectos precipitándose sin remedio...
a veces algo no empieza ni termina porque el movimiento es al unísono...a veces se conoce a un alma más a la manera que lo hicimos cuando éramos pequeñas, la forma en que una niña hace sin juicio, sólo se permite revelarse a sí misma, y lo que revela es lo que se ve, todo ello, sin excusa ni jactancia.
Imágenes, Andrei Tarkovsky, Aleksandra Kinskaj
miércoles, 3 de julio de 2013
brontë
"No
hay espectáculo tan triste como la de un niño travieso," comenzó,
"sobre todo una niña traviesa. ¿Sabes dónde van a ir los malos después de
la muerte? "
"Ellos van al
infierno", fue mi respuesta preparada y ortodoxa.
"¿Y qué es el
infierno? ¿Me puedes decir eso?"
"Un pozo lleno de
fuego."
"Y quieres caer en
ese pozo, y quemarte en él para siempre?"
"No, señor."
"¿Qué tienes que
hacer para evitarlo?"
Deliberé
un momento: mi respuesta, cuando llegó era inaceptable: "Tengo que mantener una buena salud y no morir."
Charlotte Brontë, Jane Eyre
Charlotte Brontë, Jane Eyre
Tennessee Williams
“
Hasta aquí el pasado y el presente. El futuro se llama “tal vez”, que es lo
único posible llamar al futuro. Y lo más importante es no permitir que eso te
asuste."
"¿Qué
diablos puedes hacer en esta tierra sino captar lo que venga cerca de ti, con
tus dos dedos, hasta que tus dedos estén rotos?"
“Aquel
verano me enamoré de la obra de Antón
Chéjov, o cuando menos de sus numerosos relatos cortos. Ellos me iniciaron en
un estilo de sensibilidad literaria con el que me sentía muy identificado en
aquella época. Hoy considero que Chéjov se contiene en exceso. Aun así, sigo
enamorado de la delicada poesía de su narrativa, y La Gaviota continúa
pareciéndome la más grande obra de teatro moderna, con la posible excepción de
Madre Coraje, de Brecht.”
“Allí y en
aquel momento, para bien y para mal, el teatro y yo celebramos nuestro
matrimonio. Hoy sé que es la única cosa que me ha salvado la vida.”
“En una
escena de Un Tranvía llamado deseo, Mitch dice a Blanche que él la había creído
“recta”, y ella responde: “ ¿Qué significa recta? Recta podrá ser una línea, o una calle; pero ¿recto el
corazón? ¡Oh, no, el corazón humano es sinuoso como un camino de montaña!”
“¿O
porque, a pesar de los largos años de análisis, de la merecida fama y del
éxito, existían en su ser, profundamente enraizadas, una timidez y una soledad
comprensibles sólo para unos pocos…?
“Cuántos
insignificantes detalles hay que consignar en los anales de nuestra vida…Mucho
de lo que queda entre líneas sería, sin duda, más digno de evocación; pero, por
la razón que sea, eso permanece en la penumbra, mientras los aspectos
superficiales de la biografía acuden claramente a la memoria. O, mejor dicho,
con relativa claridad…”
“Rose (su hermana) no
ha admitido ni admitirá jamás la realidad de una muerte. Sin embargo, una vez
me dijo:
-Anoche
llovió. Los muertos bajaron con la lluvia.
-¿Sus
voces, quieres decir?
-Sí, sus voces...”
"Mata a mis demonios y mis ángeles morirán también"
martes, 2 de julio de 2013
en la faz de la tierra
en estos días me vino a visitar mi parte animal
husmeador, mi berrido sideral que desvisto a bocados llenos. estaba yo dando
paladas en el fango y resulta que voló todo, sí, sí todo aquello que soñábamos que
vendría después de la faz de la tierra. el existencialismo dominical. dejé mis
babuchas para despertar en el mercado ambulante de la plaza
más famosa, comida, verdura y fruta, vísceras, sinfonía orgánica, los
vendedores argelinos, tunecinos y marroquíes, atraen a los clientes que pasan a través de un
interrogatorio directo, sus melodías comerciales, su ritmo vocal, como si
estuviéramos en un zoco más allá, tomates y pimientos que provienen del otro lado, cruzando
el mediterráneo y si te fijas bien bien, se ven los destellos de algunas
escafandras perdidas por el fondo. lejos, muy lejos, desde la atalaya de enferma o desde
palacio a los del zoco los veo comerciar tumultuosos con diminutos relojes de
arena. al faro, con fuerte olor a mar y azul, llegan los hirientes colores que
empequeñecidos tientan en racimos maduros. la sal cubre mi cuerpo y lo protege mientras
brota y respira. miro desde el catalejo la marea de este mercado y envidio cada
semilla que los jardineros compran. la torre es segura, azul, acolchada,
sabia... pero el mercado...si pudierais ver el mercado! imposibles vericuetos
con gentes en ríos como hormigas inconscientes de su pleno papel de
cotidianidad. y veo hasta un encantador de serpientes con su flauta suave. tanto,
que la sangre se pierde y estalla agolpada. todo es tan real que puedes ver
cómo los pescados se pudren al final del día y destilan una pestilente sidra
goteando de los cestos de las frutas.
vuelvo con los pies sucios y las manos pintadas con flores a trepar a gatas por
la escalera de caracol hasta arriba de la torre. subo sin mirarme, sin pararme,
hasta descansar sobre la limpísima colcha azul, porque ya no puedo más. aprendo
a zurcir y repasar cada sabor de higo morado como otra boca, el picor del sol
sobre la cara, el bálsamo de los gusanos de seda, la espiral de los ojos de la
serpiente, los gritos de los vendedoras y el secreto del hombre que pide
limosna. después como todo tiene un final, a las dos
del mediodía, cajas vacías de color blanco se apilan con sus finas aristas. frutas
no vendidas y manchas moradas permanecen en el suelo, son recogidas por personas
que no tienen dinero. a la realidad siempre se le atragantaron las historias
del Olimpo. con las ganzúas rotas por el óxido de pesadillas recurrentes, atado
con un candado, queda en esta caja de acero algún tesoro que se enfría
inexorablemente en el fondo de la Seine, buscaré como siempre buscaré como una cazadora submarina
en la infinita profundidad planctónica del agua. mientras allá arriba todos
esperan expectantes mi muerte o mi aparición mi derrota o mi triunfo mi supervivencia
o no.
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