lunes, 2 de mayo de 2011

Firma mi sentencia

“Para nosotros, comer y ser comidos pertenece al terrible secreto del amor. Sólo queremos a la persona que podemos devorar. A la persona que amamos sólo soñamos en comérnosla. Es una historia bellísima, la del propio tormento. Porque amar es querer y poder comer y detenerse en el límite. En el mínimo latido entre el brinco y el acecho brota el miedo. El brinco estaba ya en los aires. El corazón se detiene. El corazón arranca de nuevo. Todo en el amor está vuelto hacia esta absorción. Al mismo tiempo, el verdadero amor es un no-tocar, pero casi-tocar de todos modos. Devórame, amor mío, de lo contrario te devoraré. El miedo a comer, el miedo de lo comible, el miedo de aquél de ambos que se siente amado, deseado, que quiere ser amado, deseado, que desea ser deseado, que sabe que no hay mayor prueba de amor que el apetito del otro, que se muere de ganas de ser comido y se muere de miedo ante la idea de ser comido, que dice o no dice, pero significa: te lo suplico, devórame. Quiéreme hasta el tuétano. Y sin embargo arréglatelas para dejarme vivir. Pero a menudo se transpone, porque se sabe que el otro no devorará finalmente, y se dice: muérdeme. Firma mi muerte con tus dientes.”


Hélène Cixous, El amor del lobo y otros remordimientos. Ed. Arena Libros

8 comentarios:

Curiyú dijo...

Comernos, comernos mutuamente, y que jamás se termine el alimento de lo que amamos, que no pierda el sabor, el color, el aroma, que permanezca impecable...

Say dijo...

curiyú,
qué mejor alimento que ese...comer, lamer, degustar un cuerpo...nuestro cuerpo pide ser mordisqueado, lamido, acariciado...amado...

Maia dijo...

Degustarse lentamente, olerse los líquidos antes de llevárselo a los labios (como a un buen vino mirarle el cuerpo y dejarlo respirar antes del primer sorbo), resistir la tentación de ir directo a las zonas más dulces - el postre conviene dejarlo para el final, no por una cuestión digestiva sino por el simple placer de la recompensa, de la espera -; saborearse como se derrite un chocolata dentro de la boca, comerse en la cama, en la mesa, en el piso, en la puerta. Comerse sin cubiertos, con los dedos, sin mantel, mancharlo todo de salsas,ensuciarse; morirse de hambre, comer con apetito voraz como si fuese la última cena y al final, chuparse los dedos de placer...sí, me convenciste. Me ha venido hambre de repente...

Say dijo...

Maia,
comerse de arriba abajo y sentir cada palpitación del cuerpo...saborear los líquidos salados y los dulces...escuchar con el corazón, las palabras que rugen tan cerca del oído...demorarse toda la noche y todo el día en acariciar y besar cada centímetro...y comernos con apetito voraz como si fuese la última vez...

Hambre, hambre, hambre...

Anouk A. dijo...

Eros y Thánatos de nuevo, bajo el deseo extraño de devorar el corazón del otro...

Say dijo...

Anouk,
“Si la unión de los dos amantes es el efecto de la pasión, apela a la muerte (…) Lo que designa a la pasión es un halo de muerte.”

“Nos conduce a la eternidad, nos conduce a la muerte, y por la muerte, a la continuidad...” Georges Bataille

Stalker dijo...

Say:

veo que al final buscaste "El amor del lobo", un libro con muchos tesoros dentro...

me gustaría pensar que ese devorar al otro es también una forma de hacerlo renacer y no una mera proyección anímico-erótica del instinto depredador,

¿cómo sería un amor vegetariano?

un abrazo

Say dijo...

Stalker,
sí, fuí a buscar "El amor del lobo"...y como toda la escritura de Cixous, está lleno de reflexiones independientes, y de esas fuerzas vivas que nos atormentan. Esas luchas apasionadas que se debaten dentro nuestro en una ferocidad inevitable.

...ese instinto depredador convertido en la dulzura de un renacimiento.

ahh, es que yo creo que en el amor también somos vegetarianos. Cuando amamos entramos en un bosque tupido y lleno de árboles, nos crecen ramas en el cuerpo que nos abrazan y nos arañan, comemos hierba,y vemos toda clase de flores cayendo sobre nuestros cuerpos...