sábado, 1 de mayo de 2010

Delicado equilibrio

Autismo

lo ajeno. lo que allí fuera existe amenza.
delicado equilibrio. ser cívica y correcta mientras
la demencia carcome
hacia adentro. hacia el centro del dolor. habitar y no.

días enteros entre las ramas del silencio. con nadie hablar. semanas, meses y años de confinamiento sin ninguna religión que salve. impedida de fe:

sublimar es una opción indigna.

paralizar el devenir. ignorar, no hacer ni puto caso al tiempo que de todas formas transcurre. lo cotidiano: un sueño malo y prolongado. la rutina: terror idiota y sin embargo insistir, con falsas ganas y forzado entusiasmo. todavía decir: no quiero, decir, nada nunca. y no poder esa mudez prestigiada.

mañana, tarde y noche inclinada hacia la fractura del sentido. quebrada reverencia que besa los pies del endiosado autismo. lo único que queda, lo mínimo que hay. sólo perdura el placer de lastimar y más luego, y después:

mundo y seres despreciados.

Andrea Gutiérrez

Imagen de Mark Heine "Heart of Light"

6 comentarios:

tula dijo...

Demoledor.....
un beso

Say dijo...

tula,
tienes razón. No encuentro otra palabra que lo defina mejor.

Un beso

Stalker dijo...

Terrible, Say, terrible. Conmoción medular, pero hay algo más de lo que ofrece la mera lectura, algo profundamente oculto aquí. Quien así escribe dice más de lo que dice.

abrazo

Nieves Soriano Nieto dijo...

"Por allí caminan los derrotados. La luz implota ahora dentro"

Say dijo...

Stalker,
conmoción es lo que me produjo a mí al leerlo.
Lo que dices es real.

Quien así escribe es una poeta argentina, (Buenos Aires, 1960).
Era ella quien, en la noche del domingo 15 de agosto de 1999, cuando moría Olga Orozco, en el sanatorio Anchorena, estaba de la mano de aquella con quien se eligieron mutuamente como madre e hija.

Este poema de Andrea, tiene ese hondo existencialismo al límite, laberintos hacia adentro, aguas subterráneas.

"Para llegar allí había que pasar por el fondo del alma;
había que internarse por pantanos en los que chapotean la muerte y la locura,
por espejismos ávidos como catacumbas y túneles abiertos a la cerrazón;
había que trasponer fisuras como heridas que a veces comunican con la eternidad.
No preservé mi casa ni mis ropas ni mi piel ni mis ojos.
Los expuse a la sanción feroz de los guardianes en los lindes del mundo,
a cambio de aquel paso más allá en los abismos del amor,
de un eco de palabras sólo reconocibles en el abecedario de los sueños
de una inmersión a medias en las aguas heladas que roen el umbral de la otra orilla." Olga Orozco

Say dijo...

Nieves,

"alguien que lee aún bajo las tachaduras y los desmembramientos de mi caligrafía
mientras se filtra el sol o centellea el mar entre dos líneas" O.Orozco

Sí, la luz implota ahora dentro...