jueves, 25 de marzo de 2010

Karoline Von Günderrode


"Cuando llegamos a Geisenheim, donde pernoctamos, estuve echada en la ventana contemplando el agua que reflejaba la luna; mi cuñada estaba sentada junto a la ventana. La criada que ponía la mesa dijo: Ayer se suicidó en Winkel una hermosa dama joven que ya llevaba aquí seis semanas; estuvo paseando por la orilla del Rin, luego volvió a casa, cogió una toalla; al atardecer la buscamos en vano; a la mañana siguiente la encontraron en la orilla, debajo de unas mimbreras; había metido piedras en la toalla y se la había colgado alrededor del cuello, probablemente porque quería hundirse en el Rin, pero como se clavó el cuchillo en el corazón, se cayó de espaldas, y así la encontró un campesino, tumbada junto al Rin debajo de unos sauces en un lugar que es muy profundo. Él le arrancó el puñal del corazón y lo arrojó lleno de espanto al Rin. Los barqueros le vieron volar, entonces se acercaron y la llevaron a la ciudad.
Al principio no había escuchado, pero oí el final y exclamé: ¡Esa es la Günderrode!".
Escrito por Bettina Brentano.(1)



"...¿Dónde están tus amigos? Ninguno ha recogido para la posteridad las huellas de tu vida y de tu entusiasmo."
Achim von Arnim (2)



"Ayer leía Dartula de Ossian, y la impresión que dejó en mí fue tan placentera que sentí revivir con fuerza el viejo anhelo de morir como un héroe; se me hacía intolerable seguir viviendo, pero más intolerable aún morir de una muerte común y tranquila. Muchas veces he experimentado el poco femenino deseo de lanzarme a una feroz batalla, de morir. (...) Sólo me atrae lo salvaje, lo grande, lo esplendoroso."
Karoline von Günderrode (3)


La Günderrode yace enterrada en Winkel, junto al muro del cementerio. El lugar donde se suicidió fue más tarde arrastrado por el río. Ella misma escribió las palabras que debían figurar sobre su tumba; es un pasaje de un poeta indio, en el que ella misma introdujo leves variaciones.

"Tierra, madre mía, y tú, mi aliento, brisa,
Fuego sagrado, amigo, y tú, oh hermano, torrente,
Y tú padre mío, éter, os doy a todos con respeto
Las gracias más fervientes; con vosotros aquí abajo he vivido
Y me encamino al otro mundo, y os dejo de buen grado.
Adiós, hermano, amigo, padre y madre, adiós."

Karolina von Günderrode (1780-1806)

(1) Tres Mujeres, de Frederik Hetmann
(2)Vengo de lejos esta madrugada, de Helena Golanó

(3)En ningún lugar, en parte alguna, de Christa Wolf

4 comentarios:

Sonja dijo...

Tendré que informarme sobre esta dama tan curiosa, pero vaya forma de morir eligió, ¡clavándose un cuchillo en el corazón! y luego además pretendía irse al fondo del río...

Desde luego la elección no fue para nada típicamente femenina, qué drama, algo tuvo que pasarle realmente fuerte para que eligiera ese método.

Say dijo...

Lo que le pasó es que era una mujer pensante en un mundo y en un momento en el que las mujeres no podían pensar. Mucho menos actuar.

Como ella hubo muchas mujeres. La mayoria, se dejaron morir de otra manera: ocultando y frenando su inteligencia y sus dones artísticos. Viviendo sin estar vivas una existencia vacía pero,eso sí, femenina.

Anónimo dijo...

Se suicidó porque estaba estaba enamorada y aquel amor ya no pretendía estar a su lado, aparte que era una poeta de aquel tiempo del romanticismo, donde la hermosa muerte es liberadora.

Say dijo...

así es Anon, ella estuvo locamente enamorada de Bettina Brentano, relación que en el contexto de la época era muy difícil desarrollar, ni siquiera a escondidas.

la atormentada Carolina Günderrode amó apasionada y secretamente a la voluble y vital Bettina. y ese inaccesible objeto de deseo la consumió lenta y obsesivamente durante años.

su amor imposible no fue Friedrich Creuzer...su amor imposible fue Bettina Brentano. es una obviedad que queda patente a través de las apasionadas cartas que se intercambiaron entre ellas.