domingo, 11 de abril de 2010

Yo, otro


"Anoche, un perro en el tranvía, un teckel color canela. Abatido, sentado bajo el asiento, a los pies de su amo. Sus ojos negros llenos de una profunda tristeza se cerraban poco a poco. Dos lágrimas bajaban por su cara canosa. Los golpes de la puerta lo aterraban; se incorporó con dificultad, pero en seguida le ordenaron: ¡siéntate!, y hasta le empujaron el trasero hacia abajo. Obedeció pestañeando apáticamente. En cada uno de sus rasgos se traslucía la absoluta futilidad de la existencia y, al mismo tiempo, la paciencia a la que lo obligaba un hechizo...como si tuviese otras cosas que hacer, como si tuviese que hacerlas en otro sitio, bajo otra forma, en otro espacio y otro tiempo; y como si se resignara a este espantoso error, pagando, eso sí, con su definitivo quebrantamiento..."
"Yo, otro. Crónica del cambio", Imre Kertész
Imagen: Perro semihundido, Goya

6 comentarios:

tula dijo...

Me ha encantado pasar por tu blog.
Así somos los humanos, el perro es un reflejo de nuestra domesticación. Que pena.
un beso

Say dijo...

Sí,...lo vivimos día a día...el dolor, la resignación y el quebrantamiento...

Gracias tula.
Un beso

Nieves Soriano Nieto dijo...

El perro soñaba, pero no pudo soñar romper las cadenas que le impedían aproximarse a su deseo. Besos.

Tera dijo...

He llegado hasta aquí, a través de este espacio y de este tiempo.

Allí, en el principio, había un poema de Olga Novo que decía "querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar"...

Te sigo.

Say dijo...

Nieves,

es que nuestras cadenas son alargadas y llegan humillando hasta el "divino" reino animal...es tanto el daño y el poco respeto que les hemos tenido...

Podríamos habernos dejado guiar por ellos...antes de todo esto...

Un beso

Say dijo...

Tera,

el ladrido de Olga Novo ha sido tan fuerte que ha cruzado todos los campos, y el espacio y el tiempo...y hasta el teckel color canela le he visto subir el hocico y erguir las orejas reconociendo algún tipo de aullido...

Un abrazo