viernes, 5 de noviembre de 2010

Dulce y extraña certeza

Junio 11, 1852


Están limpiando mi casa hoy, Susie, y aproveché para hacer un vuelo rasante hasta el escritorio donde con afecto, y contigo, voy a gastar las más preciosas de todas mis horas para pensar, suspirando, en ti. No puedo creer, querida Susie, todo el tiempo que hace que estoy sin verte, un largo y vacío año: sé que a veces el tiempo nos parece que pasa volando porque mis pensamientos sobre nosotras son tan cálidos como si te hubieras ido apenas ayer... y luego pasa como si años y años hubieran atravesado el silencioso sendero y el tiempo se hace extrañamente largo. ¿Y ahora, cuán rápidamente voy a tenerte, a tenerte en mis brazos? .
Tendrás que perdonar mis lágrimas, Susie, ellas sienten esa felicidad de venir y no está en mi corazón reprocharlas y mandarlas a casa. No sé por qué pero hay algo en tu nombre que en este mismo instante se está apropiando de mí, que llena plenamente mi corazón y mis ojos, ellos también. No significa que yo esté acongojada ni triste, no, Susie, pero pienso en todos esos lugares donde nos sentábamos al sol, y me da miedo haberlos perdido. Creo que es por eso que vienen mis lágrimas. Mattie estuvo en casa ayer por la tarde, y nos sentamos frente a la puerta de piedra, y hablamos sobre la vida y el amor, y conversamos sobre los sueños infantiles, sobre las cosas felices. La tarde se fue muy pronto y caminé hasta casa con Mattie bajo la luna silenciosa y sentí deseo de estar contigo. No viniste, querida, pero un pedacito de cielo sí, un cielo que se parecía a nosotras... y caminamos de un lado a otro maravilladas de que la felicidad estuviera acompañándonos. Aquellas uniones, mi querida Susie, por las cuales vivíamos, esa dulce y extraña certeza en la que caíamos y que nadie admitía, ¿cómo no habría de llenar mi corazón y golpearme salvajemente, cómo no habría de hacerme tuya y hacerte mía y hacerme sentir hoy feliz porque te tuve, aunque parezca mentira?.


Carta de Emily Dickinson a Susan Gilbert.

Emily escribió más de 300 cartas a Susan, más que a cualquier otro corresponsal.

Poems by Emily Dickinson, Three Series, Complete, edited by Robert John Mestre


Imagen Christine Collins

6 comentarios:

Curiyú dijo...

La verdad es que a veces no quiero volver a lugares que sólo me atraviesan lágrimas en la garganta.

Say dijo...

Curiyú,
los recuerdos, las rememoranzas siempre traen los momentos más bellos de lo que hemos vivido. Es verdad, que, a veces, la nostalgia es dolorosa, sobre todo cuando querríamos tener a la persona añorada a nuestro lado. Pero esos recuerdos refuerzan nuestras ganas de amor y de amar. Y nos enamoraremos y querremos amar siempre...con todas nuestras fuerzas...

Un beso

Sonja dijo...

Pero tal vez si se hubiera presentado Susi en ese preciso momento igual no habría sido la misma, a lo mejor no habrían tenido nada que decirse.
Que a veces se mitifica el pasado.

Say dijo...

Sonja,
podríamos decir como en el poema Oración de Cristina Peri Rossi:
Líbranos, Señor,
de encontrarnos,
años después,
con nuestros grandes amores.

Otras veces, anhelamos el reencuentro con "nuestros grandes amores"...con alguno sabemos que persiste una complicidad especial y "esa" dulce y extraña certeza...

Pero, es verdad, que hay reencuentros con personas amadas en el pasado, en que ya no hay nada que decir, nada. Es una sensación rara y triste pero ocurre.

Emily escribió más de 300 cartas e infinidad de poemas a Susan. Durante 40 años. Siempre la amó. Susan correspondió a esas cartas pero éstas, fueron destruídas cuando murió. Ellas sí tuvieron siempre muchas cosas que decirse...

fiorella dijo...

Una carta de amor preciosa. Y un poema de Vilariño unos posts más abajo....tan intenso como la carta del post.Un beso

Say dijo...

fiorella,
Emily Dickinson e Idea Vilariño son maravillosas, intensidad y pasión...

Un beso