miércoles, 21 de diciembre de 2011

Nubes por las habitaciones

“Aquella muchacha escribía poemas; los colocaba cerca de las hornacinas, de las tazas. Era cuando iban las nubes por las habitaciones, y siempre venía una grulla o un águila a tomar el té con mi madre.

Aquella muchacha escribía poemas enervantes y dulces, con gusto a durazno y a hueso y sangre de ave. Era en los viejos veranos de la casa, o en el otoño con las neblinas y los reyes. A veces, llegaba un druida, un monje de la mitad del bosque y tendía la mano esquelética, y mi madre le daba té y fingía rezar. Aquella muchacha escribía poemas; los colocaba cerca de las hornacinas, de las lámparas. A veces, entraban las nubes, el viento de abril, y se los llevaban; y allá en el aire ellos resplandecían; entonces, se amontonaban gozosos a leerlos, las mariposas y los santos.”

Marosa di Giorgio, Magnolia

Imagen, Adelaide Hanscom

7 comentarios:

Stalker dijo...

poemas como hojas secas: una "alma" que se ofrenda al mundo. Me gusta esa espontaneidad del gesto que se da, que no pide nada a cambio: se entrega y sólo pide desaparecer, la impermanencia, la fugacidad, la sustracción, la pérdida. Otra manera de "ganar", más allá de la mirada contable. Otra forma de hacer el cuerpo al perderlo en el espacio entre las cosas y sus nombres, en lo innombrable mismo. Pequeño don de una lengua por venir: sólo inteligible por las fuerzas menudas de las mariposas (un aliento y un color hecho cuerpo diminuto, gozo de palabra y vuelo)

me ha gustado cómo el poema atraviesa un espacio mitológico y suavemente lo hace palpable, cotidiano: aleteo, fruta, pan de niño

lo que al crecer invoca carencia y es ineludible canto en la carne que duele

dulce Marosa di Giorgio, no olvidaremos ese calor

un abrazo fuerte, Say

Say dijo...

Stalker,
este poema de Marosa lo he leído como un espejo, en mis recuerdos...las tazas, las hornacinas, las grullas, las águilas, los poemas, las aves en el patio, la sangre, la neblina, la llegada de los druidas, los monjes de la mitad el bosque, la luz de la lámpara, la madre, las nubes entrando en la habitación, las mariposas, los santos...

y esa sensación de impermanencia, de sustracción, de canto, de "alma" que se ofrenda al mundo...todo eso captado por ti...

dulce Marosa

no olvidaremos ese calor

un fuerte abrazo Stalker

ana dijo...

Precioso texto que me hace temblar, me ha dejado el sabor de poemas disueltos en el té, que desaparecen dulcemente al borde de los labios.el poema que se escribe viviendo y en el tejido de las horas,al ras de la piel y del aliento,las insignificancias del hogar y de las cercanías, del espacio que acoge y amamanta al poema silencioso que habita y deshabita ,y luego desaparece a la intemperie...y desde allí el texto se despliega en picada hacia lo extenso, hacia el lugar oblicuo donde la vida es mito o viceversa, o ambos, mito y vida son sólo un aleteo de santo o mariposa,
es conmovedor y me ha hecho delirar.
gracias por tanta beleza

ana dijo...

Leer a Marosa di Giorgio , Stalker y a ti,además con esa bellísima imagen, en tu exquisito blog, lo consideraré un regalo del solsticio

un fuerte abrazo

Say dijo...

ana,
Marosa, afirmación múltiple de nuestro ser. memoria y deseo. seres corpóreos y mágicos,
habitantes en los bosques de nuestro cuerpo. todo se abre a la transformación, la palpitación, la intensidad de nuestras vivencias, de nuestras pulsiones...

poema a la intemperie, silencioso, como ese aleteo de mariposa.

anamaría, para mí tu existencia es el regalo, la apasionada, la perceptiva mujer...

Carmela dijo...

Leerlo delicioso, leeros fascinante. Me gusta pasarme y atesorar tantas sensaciones y vibraciones, que a menudo no soy capaz de expresar pero que se quedan grabadas y me enriquecen.
Un beso, Say

Say dijo...

Carmela,
sensaciones que añaden sentido y sentimiento, que forman parte de nuestra vida emocional,

un abrazo