
Sin aviso
Tantas cosas que yo no sabía. Nunca me habían hablado, por ejemplo, de este sol duro de las tres. Tampoco me habían avisado de este ritmo tan seco de vivir, de estos martillazos de polvo. Iba a doler, me habían prevenido vagamente. Pero lo que viene a mi esperanza desde el horizonte, que al acercarse se rebela abriendo sus alas de águila sobre mí, eso no lo sabía. No sabía lo que es ser oscurecida por las grandes alas abiertas y amenazantes, un agudo pico de águila inclinado sobre mí y riendo. Y cuando en los álbumes de adolescente yo respondía con orgullo que no creía en el amor era cuando más amaba; todo eso tuve que saberlo sola. Tampoco sabía lo que trae mentir. Empecé a mentir por precaución, y nadie me avisó del peligro de ser tan precavida; porque desde entonces la mentira nunca más se despegó de mi. Y tanto mentí que empecé a mentir hasta de mi propia mentira. Y eso –aturdida ya lo sentía -, eso era decir la verdad hasta que me degradé tanto que la mentira la decía desnuda, simple, corta: yo decía la verdad en bruto.
“Aprendiendo a vivir. Y otras crónicas” Clarice Lispector
Ed. Siruela
