Nunca voy a olvidar la arena donde clavamos nuestros cuerpos, nos pusimos a buscar y ya sabíamos que nuestra ruta no nos saldría gratis, no olvidaré el lugar donde quedaron nuestra sangre y el rugido, la fiereza entró para siempre en nuestras venas. el desafío de las niñas ante los golpes. que tú me quisieras proteger a mí y que yo me pusiese como escudo para protegerte a ti, aquel gigante no pudo con nosotras, sólo me reventó el último diente de leche, y me caía sangre por la comisura de los labios. pero en mi oído escuchaba tu preciosa voz temblando. nuestro destino parido allí mismo. tus dedos llenos de sangre que yo me puse a chupar. nos habíamos quedado solas, con el ultimátum, nosotras ya sin miedo, comprendimos que desde ese momento comenzaba nuestro verdadero camino, porque los deseos de amarse no pueden ser apagados. supimos que el mundo sería para nosotras una cárcel con muchos carceleros. pero aquellos golpes nos metieron en las entrañas selvas, olas, pájaros alzando el vuelo…y la sensación todavía sin nombre de la libertad animal. en todos los túneles donde a veces tengo que bajar para seguir cruzando la vida, miro al fondo y siento a aquellas dos niñas dentro de mí… Imagen, Cristina Granados
