“Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo;
nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
“Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a
caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
“Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos
golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
«Hice un gran ruido y este ruido formó el
océano y las olas del océano.
Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las
olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas
postales.
Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para
coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo y
reconstituido, pero indiscutible.”
“Hablo una lengua que llena los corazones
según la ley de las nubes comunicantes.
Digo siempre adiós, y me quedo.”
“Tengo tanta necesidad de ternura, besa
mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero
dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.
Mis miradas son un alambre en el horizonte para el
descanso de las golondrinas.
Ámame.”
Y heme aquí, solo, como el pequeño
huérfano de los naufragios anónimos.
“Ah,
qué hermoso..., qué hermoso.
Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los
barcos, las flores y los caracoles.
Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.”
Vicente Huidobro. Altazor o el viaje en paracaidas. Poema de VII cantos.
Prefacio (fragmentos)
Imagen, M.Krumins