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sábado, 18 de junio de 2011

Hélène Cixous. La escritura

“He aquí tus leyes, no matarás, serás muerta, no robarás, no serás una mala recluta, no estarás loca ni enferma, sería una falta de consideración con quienes te hospedan, no zigzaguearás. No escribirás. Aprenderás las cuentas. No te tocarás. ¿En nombre de quién iba yo a escribir?

Pero..., vivo en la escritura. Leo para vivir. Leí muy pronto: no comía, leía. Siempre "supe" sin saberlo, que me alimentaba de texto. Sin saberlo. O sin metáfora. Había poco sitio para la metáfora en mi existencia, un espacio muy restringido, que a menudo yo anulaba. Tengo dos hambres: una buena y una mala. O la misma sufrida de modo diferente. Tener hambre de libros era mi alegría y mi tormento. Libros, casi no tenía. No hay dinero, no hay libro. Roí en un año la bilbioteca municipal. Yo mordisqueaba, y al mismo tiempo devoraba. Como con los pasteles de Jánuca: pequeño tesoro anual de diez pasteles de canela y jengibre. ¿Cómo conservarlos consumiéndolos? Suplicio: deseo y cálculo. Economía del tormento. Por la boca aprendí la crueldad de cada decisión, un mordisco, lo irreversible. Guardar no es gozar. Gozar y no gozar más. La escritura es mi padre, mi madre, mi nodriza amenazada.

Tal vez he podido escribir porque esa lengua escapó al destino reservado a las caperucitas rojas. Cuando no te pones tu lengua en el bolsillo, siempre puede haber una gramática que la censure.

Escribir es un gesto del amor."

Hélène Cixous, La llegada a la escritura

lunes, 2 de mayo de 2011

Firma mi sentencia

“Para nosotros, comer y ser comidos pertenece al terrible secreto del amor. Sólo queremos a la persona que podemos devorar. A la persona que amamos sólo soñamos en comérnosla. Es una historia bellísima, la del propio tormento. Porque amar es querer y poder comer y detenerse en el límite. En el mínimo latido entre el brinco y el acecho brota el miedo. El brinco estaba ya en los aires. El corazón se detiene. El corazón arranca de nuevo. Todo en el amor está vuelto hacia esta absorción. Al mismo tiempo, el verdadero amor es un no-tocar, pero casi-tocar de todos modos. Devórame, amor mío, de lo contrario te devoraré. El miedo a comer, el miedo de lo comible, el miedo de aquél de ambos que se siente amado, deseado, que quiere ser amado, deseado, que desea ser deseado, que sabe que no hay mayor prueba de amor que el apetito del otro, que se muere de ganas de ser comido y se muere de miedo ante la idea de ser comido, que dice o no dice, pero significa: te lo suplico, devórame. Quiéreme hasta el tuétano. Y sin embargo arréglatelas para dejarme vivir. Pero a menudo se transpone, porque se sabe que el otro no devorará finalmente, y se dice: muérdeme. Firma mi muerte con tus dientes.”


Hélène Cixous, El amor del lobo y otros remordimientos. Ed. Arena Libros

martes, 1 de febrero de 2011

¿Ella, quién?

“Te agarran por los pechos, te despluman el trasero, te tiran en una cacerola, te saltean al esperma, te engrasan con aceite conyugal, te encierran en tu jaula. Y ahora, pon tus huevos.

¡Qué difícil nos vuelven hacernos mujer cuando lo que esto significa es hacernos gallina!

¡Cuántas muertes a atravesar, cuántos desiertos, cuántas regiones en llamas y regiones heladas, para llegar un día a darme el buen nacimiento! Y tú, ¿cuántas veces moriste antes de haber podido pensar, “Soy una mujer”, sin que esta frase significara: “Entonces sirvo”?

Yo he muerto tres o cuatro veces. ¿Y cuántos ataúdes te han valido de cuerpo durante cuántos años de tu existencia? ¿En cuántas carnes heladas se acurrucó tu alma? ¿Tienes treinta años? ¿Naciste? Nacemos tarde a veces. Y lo que podría ser una desgracia es nuestra suerte. La mujer es enigmática, parece. Los maestros nos lo enseñan. Hasta es, dicen, la personificación del enigma.

¿El enigma? ¿Cómo serlo? ¿Quién tiene el secreto? Ella. ¿Ella, quién? Yo no era Ella. Ni una Ella, ni ninguna.”

Hélène Cixous, Deseo de escritura, Ed. Reverso

Imagen, Hélène Cixous en la Universidad de Pennsylvania